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El poder de las siestas.

La siesta es una práctica infravalorada. De hecho, muchos todavía creen que ésta es una práctica exclusivamente reservada para los niños, los viejos y los enfermos. Sin embargo, las siestas han demostrado ser una herramienta increíblemente efectiva cuando se han utilizado para mejorar el rendimiento y combatir los efectos de la privación del sueño y la somnolencia diurna. Lo mejor de ellas… ¡son gratis y no producen efectos secundarios graves o permanentes!

Sé que muchos todavía no lo creen y ¿por qué habrían de hacerlo cuando nos han enseñado que trabajar y ser productivos es indispensable para ser exitosos, aún cuando esto signifique sacrificar necesidades básicas como dormir?

En el ánimo de convencer a los escépticos de las siestas, y darle una o varias razones a quienes toman siestas de manera regular, a continuación presentaré los principales hallazgos científicos de las últimas dos décadas sobre el poder de las siestas.

Beneficios de las siestas:

Aumentan nuestra productividad – Tomar una siesta nos ayuda a rendir al máximo puesto que: 1) reduce nuestros niveles de fatiga, 2) mantiene nuestra capacidad de alerta, 3) mejora nuestro rendimiento cognitivo y motor, 4) estimula nuestro razonamiento lógico y 5) potencializa nuestras habilidades de toma de decisiones y resolución de problemas.

•  Nos ponen de buen humor – Diversos estudios coinciden en que las siestas ayudan a nuestro estado de ánimo, ya que reducen niveles de estrés y aumentan nuestras emociones positivas. Además, algunos estudios cualitativos han demostrado que quienes toman siestas de manera habitual perciben esta práctica como una experiencia positiva y placentera. Por lo tanto, podríamos concluir que las siestas nos dan una mejor calidad de vida.

•  Nos mantienen saludables – La siesta nos ayuda a combatir la privación del sueño y sus efectos perjudiciales, ya que nos permiten: 1) restaurar niveles de energía, 2) reducir antojos alimenticios y mantener una dieta saludable, y 3) reducen el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas como la diabetes y la insuficiencia cardíaca.


Ahora que he presentado el poder de las siestas, algunos de ustedes se preguntarán ¿cúal es la mejor manera de estructurar una siesta? Por lo tanto, me permitiré darles unos consejos.

¡Mantenla corta! Siempre se recomienda tomar siestas cortas (entre 10 y 20 minutos), puesto que de esta manera se evita la inercia temporal o “borrachera” de sueño que sigue a las siestas largas (≥30 minutos). Además, una siesta corta ofrece los mismos beneficios que las largas.

 Elige el momento adecuado. Idealmente, las siestas no deben tomarse demasiado temprano en la mañana, ya que probablemente no se esté lo suficientemente cansado para dormir. Sin embargo, tampoco deben tomarse después de las 4 p.m., para evitar desvelarnos en la noche. Es por esto que la mayoría de las personas toman la siesta después de almuerzo ya que les permite combatir el bajón  del medio día y dan un shot de energía para terminar la tarde.

•  Encuentra un lugar apropiado. El entorno en el que dormimos es muy importante y puede marcar la diferencia en la calidad y la eficiencia de las siestas. Por lo tanto, se debe propender por un lugar tranquilo y oscuro donde descansar cómodamente.

•  ¡Utiliza accesorios!… si es necesario.  Si no puedes encontrar un lugar ideal donde dormir la siesta, intenta utilizar accesorios que te faciliten llevar a cabo esta práctica; por ejemplo: tapones para los oídos, máscaras para los ojos o máquinas de ruido blanco, entre otros. Las posibilidades son infinitas, sólo tienes que encontrar lo que mejor te funcione y ser creativo.

¡FELICES SUEÑOS! 


Referencias


  • National Sleep Foundation. (n.d.). Napping [Online Article]. Retrieved from https://sleepfoundation.org

  • Mednick, S.C. & Ehrman, M. (2006). The nap manifesto: what naps can do for you. In Take a Nap! Change your life (pp. 23 – 27). New York, NY, USA.: Workman Publishing Company, Inc.

  • Mednick, S.C., Caic, D., J., Kanadya, J. & Drummond, S.P.A. (2008). Comparing the benefits of caffeine, naps and placebo on verbal, motor and perceptual memory. Behavioural Brain Research, 193, 79–86. doi: 10.1016/j.bbr.2008.04.028

  • Milner, C.E. & Cote, K. (2009). Benefits of napping in healthy adults: impact of nap length, time of day, age, and experience with napping. Journal of Sleep Research, 18, 272 – 281. doi: 10.1111/j.1365-2869.2008.00718.x

  • Milner, C.E. & Cote, K. (2008). A dose-response investigation of the benefits of napping in healthy young, middle-aged and older adults. Sleep and Biological Rhythms, 6, 2–15. doi:1111/j.1479-8425.2007.00328.

  • Tietzel, A.J. & Lack, L.C. (2001). The Short-Term Benefits of Brief and Long Naps Following Nocturnal Sleep Restriction. Sleep, 4, (3), 293 – 300.

  • Tietzel, A.J. & Lack, L.C. (2002). The recuperative value of brief and ultra-brief naps on alertness and cognitive performance. Journal of Sleep Research, 11, 213–218.


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