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Alimentación & Sueño en Niños

La alimentación y el sueño están profundamente relacionados, independientemente de la edad que tengamos. Esto lo corrobora un estudio publicado en la revista Pediatrics el cual encontró que los niños que presentan problemas al dormir son más propensos a tener problemas alimenticios, que los niños que duermen bien. Adicional, se sabe que los padres de niños con problemas de sueño reportan más problemas a la hora de la cena, un mayor índice de rechazo a la comida y una alta preocupación por el adecuado crecimiento de sus hijos (Tauman el al., 2011).


Teniendo en cuenta lo anterior, y conociendo lo importante que es cuidar estos dos pilares de la salud, quisiéramos brindar una guía básica introductoria a la relación que existe entre la comida y el dormir durante los primeros años de vida.


A continuación, hablaremos de cómo se ve la alimentación en los primeros meses de vida, luego hablaremos de cómo cambia esto cuando se empiezan a ofrecer alimentos distintos a la leche materna y cerraremos con algunas recomendaciones generales.


Alimentación en los primeros meses de vida.


En términos alimenticios, lo recomendable para un lactante de menos de 6 meses es dar lactancia materna exclusiva a libre demanda o fórmula adecuada a su edad y administración recomendada por el profesional tratante.


Se sabe que la leche materna es perfecta a esta edad. Además, en términos de sueño demuestra la sabiduría de la naturaleza puesto que los niveles de melatonina (hormona del sueño) en la leche cambian según la hora del día; de tal manera que la concentración de esta hormona es mínima al inicio del día, y se incrementa de manera significativa en horas de la tarde-noche.


Adicionalmente, algunos estudios indican que la melatonina añadida a las fórmulas infantiles favorece un desarrollo más temprano de los ritmos circadianos que consolidan el sueño nocturno.


Alimentación a partir de los 6 meses de edad.


A partir de los 6 meses los niños ya comienzan con la alimentación complementaria, una alimentación que acompaña a la lactancia o alimentación con fórmula. Ésta siempre debe respetar la capacidad gástrica del lactante y evitar sobre-exigir su deseo de alimentación.


A esta edad, su alimentación es variada, y puede incluir alimentos ricos en hierro (ej. carnes, huevo, legumbre entre otros), tubérculos, cereales (arroz, pastas, harinas, etc.), vegetales, frutas y aceite. Una cena puede ser cereales (hidratos de carbono complejos), verduras, alimentos fuentes de hierro y grasas provenientes del aceite. Un ejemplo puede ser un churrasco de pescado con puré mixto y tomate.


Cuando se haga esta transición, es importante seguir la guía de un profesional que pueda brindar pautas sobre cómo iniciar alimentación complementaria. Especialemente porque este proceso de transición se da de manera progresiva a medida que los niños van creciendo y hasta completar las cuatro comidas diaria, las colaciones necesarias y la incorporación a la mesa familiar.


Adicional a estas recomendaciones, es importante tener en cuenta alimentos que son

mejor evitar, especialmente por la noche. Por ejemplo, los dulces, snacks y jugos azucarados. Esto debido a que cuando los niños consumen azúcar hay un aumento en los niveles de adrenalina, lo cual dificulta que estos se relajen y concilien el sueño fácilmente (S.A., 2017). Así mismo, la Organización Mundial de la salud recomienda tanto en adultos como en niños, reducir la ingesta de azúcares libres a menos del 10% de la ingesta calórica total (recomendación firme) y sugiere que se reduzca aún más la ingesta de azúcares libres a menos del 5% de la ingesta calórica total (recomendación condicional).


Por último, y transversal a las recomendaciones anteriores, desde el momento en que se introducen alimentos sólidos, es importante empezar a establecer horarios regulares que ayuden a fortalecer los horarios de sueño. Así mismo, es importante hacer del momento de la comida un momento agradable libre de distracciones (ej. teléfonos móviles y pantallas).

En conclusión, el sueño y la alimentación están significativamente interrelacionados en niños por lo que cuando uno de estos dos factores se alborota es importante revisar el otro y, en caso de ser necesarios, trabajar sobre ellos paralelamente. Adicional, es importante mantener una alimentación balanceada con horarios regulares, libre de azúcares refinados; siempre de la mano de un profesional especialista en el tema.




Colaboración Especial


Este artículo fue realizado en colaboración con Cecilia Bas creadora de Nutritudía.


Cecilia es licenciada en Nutrición egresada de la Universidad de la República en Montevideo, Uruguay. Con postgrado en Trastorno de Alimentarios y Adicción a la comida, Sociedad Argentina de Nutrición Clínica. Formación en Psicoterapia de la Obesidad, implicancias psicológicas de una enfermedad crónica. Dictado por Psico. Liliana Krieger.



Pueden conocer más acerca de Cecilia y cómo trabajar con ella a través de:

Referencias



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